KWrite vs Kate: diferencias reales entre los dos editores de KDE

febrero 08, 2026 0 Comments

KWrite vs. Kate

Si usas KDE o alguna distribución como Manjaro, openSUSE o Fedora con Plasma, tarde o temprano te habrás topado con KWrite y Kate en el menú de aplicaciones. A simple vista parecen casi lo mismo y, de hecho, mucha gente se pregunta por qué están los dos instalados, si son la misma app o si se puede borrar uno sin cargarse el otro.

La realidad es que KWrite y Kate son dos “hermanos” muy cercanos, que comparten casi todo el motor interno, pero están pensados para usos distintos: uno como editor ligero y sencillo, y el otro como entorno de edición avanzado para programación y proyectos grandes. Vamos a ver con calma qué los diferencia, qué comparten, de dónde vienen y cuándo te merece la pena usar cada uno.

Origen y relación entre KWrite y Kate

Desde hace unos veinte años, KWrite y Kate han ido siempre de la mano en el ecosistema KDE. Históricamente, KWrite fue el primero: un editor de texto de ventana única (SDI) que ya venía en las versiones tempranas de KDE como el típico bloc de notas “vitaminado”.

Con el tiempo, uno de los desarrolladores principales de KDE decidió crear Kate como variante de múltiples documentos (MDI), pensada para trabajar con varias pestañas, más paneles y funciones orientadas a programación. Es decir, Kate nació explícitamente como la versión más potente y multi-documento de KWrite.

Durante muchos años, ambos proyectos siguieron caminos de desarrollo algo separados. KWrite cambió poco: se mantenía como un editor simple, con mejoras puntuales y corrección de errores, pero sin volverse una “suite” enorme. Mientras, Kate fue recibiendo reimplementaciones de características como el sistema de pestañas, la gestión de sesiones, plugins avanzados, terminal integrada y soporte para proyectos.

Sin embargo, el núcleo de edición que usaban ambos es el mismo: la biblioteca KTextEditor del framework de KDE. Gracias a esto, tanto en KWrite como en Kate disfrutas de una experiencia de edición muy potente, muy por encima de un bloc de notas plano típico, incluso aunque visualmente KWrite parezca “básico”.

Un único código base: cuando Kate “se come” a KWrite

En los últimos años se tomó una decisión importante en el proyecto: evitar código duplicado y hacer que KWrite reutilice directamente la base de código de Kate, desactivando las funciones más avanzadas. Esta idea surgió cuando se quiso añadir pestañas a KWrite.

Un desarrollador (Waqar, muy activo en el proyecto) empezó a implementar soporte de pestañas en KWrite. El problema era que en el repositorio de Kate ya se habían reescrito las pestañas varias veces, tanto en el núcleo como mediante plugins, y no tenía sentido añadir otra implementación más que hubiera que mantener a largo plazo.

Para evitar esa duplicación, el equipo decidió que KWrite no tendría una base de código independiente, sino que utilizaría el mismo núcleo que Kate con un modo “recortado”. KWrite se construye ahora como una especie de Kate simplificado sin sesiones, sin plugins y con la interfaz más limpia. Técnicamente, lo que cambia entre uno y otro es principalmente la función principal (main) y algunas comprobaciones en el código compartido para activar o ocultar partes de la interfaz.

Gracias a este cambio, se eliminaron alrededor de mil líneas de código específicas de KWrite y solo hubo que añadir unas pocas líneas al código común. El resultado es que ambos editores comparten prácticamente toda la lógica, incluyendo el sistema de pestañas moderno, el análisis de parámetros de línea de comandos y el comportamiento básico de edición.

Eso sí, aunque hayan unificado la base interna, KWrite sigue teniendo su propia personalidad: no comparte instancias entre ventanas, no tiene gestión de sesiones, no carga plugins avanzados, no ofrece terminal integrada ni lenguaje de servidor (LSP), entre otras cosas. Si quieres esas funciones, te toca irte a Kate.

KTextEditor: el motor común de edición

Tanto KWrite como Kate se apoyan en la misma biblioteca de edición, KTextEditor, parte del marco de trabajo de KDE. Esta librería es la que proporciona casi toda la “magia” de edición potente que ves en ambos programas, y además es usada también por otras aplicaciones como KDevelop u otros IDEs de KDE.

Esto significa que la experiencia pura de escribir, seleccionar, resaltar y manipular texto es prácticamente idéntica entre KWrite y Kate. Si te acostumbras a uno, no te costará nada usar el otro o incluso KDevelop, porque el comportamiento de la zona de texto es coherente en toda la familia.

Gracias a KTextEditor, ambos editores cuentan con resaltado de sintaxis para infinidad de lenguajes, análisis de modos específicos (por ejemplo, soporte para Markdown, HTML, Python, C, etc.), herramientas de edición como sangrado automático, numeración de líneas, minivista del documento y otras funciones que van bastante más allá de un editor plano.

Instalación y distribución en diferentes sistemas

En general, si usas KDE Plasma, lo más normal es que ya tengas KWrite instalado por defecto. Kate, en cambio, puede que tengas que instalarlo a mano, según la distribución.

En sistemas basados en RPM como Fedora, es tan simple como ejecutar algo del estilo sudo dnf install kwrite kate. En otras distros, los paquetes se llaman igual o muy parecido. Además, ambos se publican de forma independiente: KWrite está disponible en apps.kde.org/kwrite y Kate en apps.kde.org/kate.

En el ecosistema KDE, puedes instalarlos desde Discover dentro del propio escritorio, y KWrite también se distribuye como Flatpak para entornos donde prefieras este tipo de paquetes autocontenidos. En Manjaro, por ejemplo, los verás en Pamac como programas separados, aunque compartan código fuente y dependencias en buena parte.

Un detalle importante es que no dependen el uno del otro como paquetes. Es decir, puedes tener solo KWrite, solo Kate o los dos a la vez sin que se molesten entre sí, sin que se mezclen configuraciones y sin conflictos de dependencias directas. Funcionan como “gemelos bien educados”.

KWrite: editor ligero pero nada cutre

Si abres KWrite esperando algo tipo bloc de notas limitadísimo, te vas a llevar una sorpresa, porque es un editor ligero pero con bastantes prestaciones avanzadas. Puedes lanzarlo desde el menú de aplicaciones y ponerte a escribir tal cual, guardando textos sueltos, notas, pequeños scripts, etc.

Entre las funciones que se le atribuyen tradicionalmente, están la exportación a HTML, el bloqueo del modo de selección, el seguimiento de código y los marcadores. Todo ello lo hace muy útil tanto para tomar notas como para editar código de manera informal. También ofrece autocompletado de palabras y otras ayudas a la escritura.

Dispone de resaltado de sintaxis configurable para múltiples lenguajes, selección del modo de fin de línea (Unix, Windows, Macintosh) y la posibilidad de elegir la codificación de texto. Es cierto que no siempre detecta automáticamente la codificación del fichero, ya que suele seguir la predeterminada del sistema al abrir archivos, pero puedes cambiarla manualmente si lo necesitas.

Otra característica interesante es que permite trabajar con archivos remotos a través de protocolos como FTP o fish, integrándose con la infraestructura de red de KDE. Esto facilita editar ficheros que están en servidores sin necesidad de montar complicadas soluciones externas.

KWrite también incluye la opción de usar diferentes componentes gracias a la tecnología KParts (en versiones antiguas esto fue una novedad importante). Eso permitía incrustar, por ejemplo, una consola Konsole dentro del editor u otros componentes. Más adelante se adoptó como editor de texto por defecto el motor de Kate, consolidando esa integración.

En el contexto histórico de KDE, KWrite formaba parte del paquete kdebase y, más recientemente, se distribuye junto a Kate, con su código en un subdirectorio específico del repositorio. Todo ello refuerza la idea de que no es un proyecto totalmente separado, sino una cara distinta de la misma base tecnológica.

Funciones compartidas: marcadores, resaltado y más

Al estar basados en KTextEditor, tanto KWrite como Kate comparten algunas herramientas que marcan bastante la diferencia frente a editores muy básicos. Por ejemplo, puedes usar marcadores temporales para moverte rápido por el documento.

Con un simple atajo de teclado, como Ctrl+B para crear un marcador, puedes luego saltar a ellos desde el menú de marcadores. No se guardan dentro del archivo (no modifican el contenido real), pero mientras trabajas son una forma elegante de marcar secciones importantes. Más práctico que dejar palabras “chorra” como foobar en el texto y buscar luego, que al final siempre se puede olvidar borrar.

Otra función clave es el resaltado de sintaxis y los modos de documento. Desde el menú de herramientas puedes activar la revisión ortográfica automática, que marca errores con subrayados, y elegir modos específicos para formatos concretos: Markdown, HTML, Python, C/C++, etc. Cada modo aplica un esquema de resaltado distinto para ayudarte a leer y entender mejor el contenido.

Si quieres hilar más fino, puedes elegir directamente el tipo de resaltado independientemente del modo, por si quieres forzar un esquema visual concreto. Este tipo de flexibilidad hace que el mismo editor te sirva tanto para redactar texto plano como para depurar rápidamente un fragmento de código.

Además, muchos usuarios aprecian especialmente la vista general del documento en el lateral derecho, una especie de miniatura muy vertical de todo el texto. Aunque parezca pequeña, es sorprendentemente útil para localizar secciones, títulos o trozos de código y saltar con un solo clic a la zona aproximada.

Qué ofrece Kate por encima de KWrite

La gran pregunta es: si la edición de texto “pura y dura” es casi la misma, ¿por qué pasar de KWrite a Kate? La respuesta está en todo lo que rodea al texto cuando trabajas como programador o con proyectos complejos: paneles, plugins, sesiones y terminal.

Kate añade una barra lateral donde puedes ver el sistema de ficheros o un directorio de proyecto. Además, maneja el concepto de “proyecto”, de modo que puede relacionar archivos entre sí (por ejemplo, un .cpp con su .h, o varios ficheros de configuración de un mismo módulo) y ofrecerte navegación más inteligente entre ellos.

Incluye también una terminal integrada que se despliega con una tecla (normalmente F4), lo que te permite ejecutar comandos, compilar, lanzar scripts o usar herramientas de consola sin salir del propio editor. Incluso puedes mandar el contenido del documento a la terminal de forma directa, lo que, para desarrollo y scripting, ahorra bastante tiempo.

Otro plus es la gestión de sesiones. Kate puede guardar diferentes configuraciones de ventanas, pestañas, proyectos abiertos y preferencias, de modo que tengas perfiles distintos para cada tipo de trabajo (por ejemplo, un entorno para C++, otro para edición web, otro para notas de documentación, etc.).

Además, Kate admite una amplia variedad de plugins que añaden funcionalidades avanzadas: integración con servidores de lenguaje (LSP) para autocompletado inteligente, análisis estático, terminales mejoradas, depuración, herramientas específicas para lenguajes concretos, y un largo etcétera. Este ecosistema de extensiones es lo que, en la práctica, convierte a Kate en una especie de mini-IDE para muchos desarrolladores.

Por todo esto, muchos usuarios describen Kate como una herramienta muy completa para programadores, mientras que KWrite se ve como el editor “limpio” para tareas rápidas o simples, aunque siga teniendo opciones potentes bajo el capó.

Diferencias prácticas en la interfaz y el comportamiento

Cuando comparas las dos ventanas lado a lado, te das cuenta de que la interfaz de KWrite y la de Kate son casi idénticas en los elementos que comparten: barra de herramientas, área de texto, minivista lateral, menús básicos… La diferencia principal viene de los paneles y vistas adicionales.

En KWrite no verás las vistas de herramientas laterales que sí aparecen en Kate para explorador de proyectos, terminal acoplada y otros paneles derivados de plugins. También cambia la configuración por defecto del toolbar y de la barra de URL (ruta del archivo), que pueden venir activadas o desactivadas según el modo.

A nivel de comportamiento, KWrite no comparte instancias ni sesiones. Cada vez que lo abres, es como un editor independiente y no se mete en historias de gestión avanzada de sesiones. Tampoco carga plugins complejos, por lo que no tendrás algunas de las funciones “fancy” que sí ofrece Kate.

En ambos puedes usar pestañas con un comportamiento muy parecido: abrir múltiples documentos, hacer apertura rápida, dividir la vista en paneles, etc. Esta es una mejora importante respecto al KWrite de hace 20 años, que era de ventana única estricta. Hoy en día, gracias a compartir código con Kate, KWrite puede tener pestañas sin arrastrar consigo todo el peso del resto de características.

Uso real: de la edición ligera al desarrollo profesional

Entre los usuarios de KDE hay opiniones bastante claras sobre cuándo tiene sentido usar KWrite, Kate o incluso KDevelop. En general, se suele ver KWrite como el más liviano, KDevelop como el más pesado orientado a grandes proyectos y Kate en un punto intermedio, ideal para el día a día del programador que no necesita un mega-IDE.

Mucha gente nueva en KDE pregunta cuál elegir, y la respuesta habitual es algo así: si solo quieres editar texto, tomar notas, tocar algún script o archivo de configuración, KWrite va sobrado. Si programas de forma habitual, manejas muchos ficheros y aprecias cosas como proyectos, terminal integrada y sesiones, entonces Kate encaja mucho mejor.

Hay incluso usuarios que, aun sin usar KDE como escritorio principal, siguen tirando de KWrite porque les gusta su equilibrio entre sencillez y potencia. Un ejemplo típico es alguien en XFCE que mantiene algunas aplicaciones KDE como Krusader o KWrite porque les resultan imprescindibles, y ajusta las dependencias para evitar lo que considera “bloat” (componentes como kactivities, knewstuff o kuserfeedback si no les saca partido).

También se ven casos de personas que intentan buscar alternativas no-KDE a KWrite (como ciertos editores para GTK o Qt independientes) y, al probarlas, echan en falta detalles clave como el modo de edición en bloque (selección vertical parcial de líneas) o un comportamiento robusto al comentar múltiples líneas. Mientras no encuentran un sustituto que cumpla con todas esas funciones, terminan quedándose con KWrite como herramienta principal.

Otros editores en el entorno KDE: KDevelop y KEdit

Dentro del ecosistema KDE no todo es KWrite y Kate; hay otras aplicaciones relacionadas con la edición de texto y el desarrollo, como KDevelop o el veterano KEdit.

KDevelop es un IDE completo, mucho más pesado, pensado ya para proyectos grandes, refactorizaciones complejas, depuración integrada, asistentes y un largo catálogo de herramientas. Aprovecha también KTextEditor como motor de edición, por lo que la sensación de escribir es familiar si vienes de Kate o KWrite, pero a nivel de interfaz y requisitos de recursos juega en otra liga.

KEdit, por su parte, sigue existiendo en algunos entornos como editor alternativo. Una de sus particularidades históricas es el soporte para texto bidireccional, algo relevante para idiomas escritos de derecha a izquierda. Formaba parte en su día del paquete kdeaddons y servía un nicho concreto en cuanto a tipología de texto.

En cualquier caso, el usuario medio de KDE hoy en día se mueve sobre todo entre KWrite como editor ligero, Kate como entorno de edición avanzado y, cuando necesita aún más, KDevelop como IDE especializado.

Licencia, tecnología y mantenimiento

A nivel técnico, KWrite (y por extensión Kate) está escrito en C++ usando Qt para la interfaz y distribuido bajo licencia LGPL. Esto lo convierte en software libre, integrable en otros proyectos y mantenido por un equipo de desarrolladores bastante amplio dentro de la comunidad KDE.

Sus repositorios de código están alojados en la infraestructura de KDE y con espejos en plataformas como GitHub, tanto para el propio editor como para los frameworks subyacentes: KTextEditor y KSyntaxHighlighting, entre otros. También existen sistemas de seguimiento de bugs donde se pueden reportar errores y hacer seguimiento de su resolución.

El equipo anima de forma constante a que nuevos colaboradores se sumen al desarrollo, ya sea para añadir funciones, pulir detalles o mejorar el rendimiento. El hecho de que KWrite y Kate compartan ahora casi todo el código hace que cada corrección o mejora repercuta automáticamente en ambos editores, reduciendo esfuerzo duplicado y aumentando la calidad general.

En la práctica, esto se traduce en que cada pequeña mejora que entra en el repositorio beneficia a todo el ecosistema de editores KDE, no solo a Kate y KWrite, sino también a las aplicaciones que usan sus frameworks, reforzando su papel como referencia dentro del escritorio Plasma.

Mirando el conjunto, para un usuario final de KDE es difícil encontrar hoy un equilibrio mejor entre un editor ligero pero potente como KWrite y una herramienta de desarrollo versátil como Kate, más aún sabiendo que ambos se mantienen en paralelo, comparten la misma base, no entran en conflicto entre sí y cubren desde el uso más simple de bloc de notas hasta flujos de trabajo muy exigentes en programación.


Some say he’s half man half fish, others say he’s more of a seventy/thirty split. Either way he’s a fishy bastard.